Traducciones – Mark Strand


¿Dónde están las fuentes de la infancia?

Fíjate donde las ventanas están entabladas
donde la vía grisácea y muerta brilla bajo el sol y el aire salado
y las tejas de asfalto en el techo se han despegado o caído al suelo,
donde las hileras de margaritas flotan en un mar de hierba.
Es el lugar para comenzar.

Para entrar en el reino de la pobredumbre,
siente el olor de yeso húmedo, párate sobre el vidrio quebrado,
los bolsillos del polvo, los harapos, los restos sucios del colchón,
mira la estufa y el fregadero oxidados, y la mancha rectangular
sobre la pared donde cuelga la Corriente del golfo de Winslow Homer.

Ve al cuarto donde tu padre y madre
se dejaban llevar por la corriente y el cabeceo del amor,
y escucha, si puedes, el chirrido de la cama,
entonces ve al sitio donde te escondías.

Ve a tu cuarto, ve a todos los cuartos donde respirabas el aire frío y húmedo,
a todos los sitios indeseados donde el verano, el otoño, el invierno, la primavera,
parecían la misma estación malquerida, donde los árboles que conocías murieron
y otros árboles han surgido. Visita ese otro sitio
del que apenas te acuerdas, esa otra casa medio oculta.

Mira cómo dos perros surgen frente a tus ojos. Cuando te vayas,
se extinguirán, sofocados por el brillo de una luz temprana.
Visita a los vecinos de la cuadra; él riega el prado,
ella se sienta en la puerta, pero no por mucho tiempo.
Cuando vuelvas a mirar ya se habrán ido.

Persiste en el regreso al campo, plano y hermético en la niebla.
Al otro lado, un hombre y una mujer esperan;
han regresado, tu madre antes de ser ceniza,
tu padre antes de ser nevado.

Ahora mira el brazo del mar del Noroeste, cómo brilla con un azul oscuro profundo.
Mira la luz sobre la hierba, aquella hoja que arde, la nube
que está en llamas. Y casi estás allá, en un momento tus padres
desaparecerán, dejándote bajo la luz de una estrella extinta,
bajo la oscuridad de una estrella recién nacida. Ahora es el momento.

Ahora inventas la embarcación de la carne y la arrojas en las aguas
y quedas a la deriva en la lenta marejada, en la sal trabajadora.
Ahora agachas la mirada. Allí están las fuentes de la infancia.