
Un invisible entre una caravana de invisibles, que de pronto se detiene para mirar a esos otros y se da cuenta de que sólo son invisibles si nadie se detiene a mirarlos. Tal vez el poeta sea un poco eso. Al menos en este libro lo es: Armando Ibarra viaja como un anónimo, como hacemos todos en el transporte público, pero lleva su mirada enfocada, como una lente, en esa miríada de rostros anónimos que llevan a cuestas el cansancio, los afanes, la fugaz alegría, los deseos secretos que son nuestras historias personales, únicas, y que a la vez constituyen el gran anónimo que somos.
Cristancho Duque
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El vagón de los invisibles
Fotografías intervenidas, realizadas durante la confección del libro, principalmente en la ruta E21 del MIO (Masivo Integrado de Occidente) en Cali.
«Escapamos apresurados de los treinta y seis grados atravesando grietas íntimas».
«Se recoge el pelo, tararea y se interna en el camino con una sonrisa»
«Cruza de repente el brillo oscuro de las cloacas y el glamour de Mar-a-lago»
«Las frescas muchachas son un bálsamo a pesar del sofoco»
«La palabra puede con todo: esta noche los anuncios no son verosímiles»
«Hoy la asfixia subió hasta las claraboyas y en medio del bochorno esfumado algunos sonreímos confundidos»
«Por un momento el mutismo de ciento ochenta. Ajeno, pesado»
«Aparece una pared de rostros que vueltos émbolos pintan telas nuevas»
«Los desgastados somos un trombo en tránsito hacia las coronarias de la confusión».
«Cierre de ciclo: heredamos el agotamiento de los que remaron»
«Vendedora peregrina: su sonrisa la libera del apuro del remolque».
«Con el aplicador rebana hojuelas de aprobación que frota en su cara»
«La mano atenazada y el brazo sostiene las granadas de la fatiga»
Ajustados contra las sillas nos impulsa un destello libertado en las bujías»
«En cualquier lado lo mismo: masas vacilantes»
«Hay un noble afán estético en la plomada de los techos, en el día espinoso»
«Discurso de ventas negocios por teléfono, vaporosos y simultáneos»
«Mansedumbre: siempre terminamos apretados en las cabinas»
«Somos un añadido: ofrenda de carne humana en la cadena de suministros»
«Nos derrumbamos, las alas replegadas se encierran en los estuches»
«Aquí vamos siglos después del éxodo planos e impulsados»
«En este ramillete: los antagonistas se rozan los amantes se acarician»
«Esta presión cubista que nos propulsa tiene un apetito común»
«El fracaso nuestro de todos los días se torna más incómodo»
«Apretados en las cabinas, en medio del “deje así” los clanes se perpetúan»
«Apretamos para sostenernos en el sacudón de la marea»
«Rostros anónimos que llevan a cuestas el cansancio, los afanes, la fugaz alegría…»
«Los viajeros siempre contemplan el destino con ilusión»
«Ninguno percibe que se han vuelto pura ficción»
«Nos sentamos, cada uno sobre su torre particular. Un silencio demagógico nos separa»
«Las almendras de la modernidad germinan para arrinconar el follaje»
«Algo interior nos impulsa a huir. Nos deslizamos como pernos sobre el ardor burgués»
«Desde las ganas de vivir emerge una quilla que se abra paso cortando la espesura de las sombras»
«El fuego central nos tira, arrastra al mamífero hacia la chimenea del sueño»
«Había un peñasco inalcanzable: el nido de luz donde los trayectos se confunden»
«Embrujo: uñas y mirada, atrapados en la trampa de la pantalla»
«Las marcas de la travesía se asientan en los nervios para trazar la cartografía de la costumbre»
«La vista se fija en la estampa que cruza veloz»
«El rumor de lenguas empuja la ruina del verbo»
«Así atravesamos la frontera hacia la tierra natal donde todos somos tóxicos»
«Tuvimos que bracear arrastrados por la presión de la multitud afanosa»
«Burladero: nos prefieren ocultos por inconvenientes»
«En las galerías, los cautivos sueñan que ya no tienen que remar»
«La nuca cansada apenas sostiene el cuenco de la esperanza y la casualidad»
«Ceguera lateral: el codo, la muñeca, el puño esgrimidos como puñales»
«Un invisible entre una caravana de invisibles, que de pronto se detiene para mirar a los otros…»
«Regresar a casa: ir tras la cuerda sin fin para salir del laberinto»
«Cuánto poder vagabundea desperdiciado: peregrinos de la “sociedad libre”»
«¿Cómo hará para soportarnos este voluntarioso conjunto de plástico, metal y tejidos blandos?»
«Algo interior nos impulsa a huir. Como un remolino sin futuro el huracán de los relojes gira».
«Ojalá podamos saltar antes de que la muerte nos atrape fuera de base»
«Hay que seguir remando con vigor, sin pausa hacia Puerto Ilusión de Reposo»
«Todos miramos de reojo. Es la debida precaución en los matorrales urbanos»
«Algo mágico ocurrió: Un troquel primitivo acuñó una silueta fugaz»
«De las orejas cuelgan las lianas de los conectados»
«Colgados de la tubería los racimos que nunca van a caer…»
«¿A dónde van a parar los pellejos que desprendemos en los trayectos?»
«Nada, no hay inventario. Solo una ráfaga que copia el paisaje»
«Sin importar el destino corremos hacia el mar sin frenos»
«La vía franca en cambio disponible, como aire en las barbas de las plumas»
«En tiempos de alto mercado cualquier traje es ceremonial y los pregones levantan vuelo»
«Cuando nos sometemos a las urgencias sacrificamos la estructura de la rosa»
«Si levantamos instituciones impecables ¿por qué todavía se siente olor a sangre fresca?»
«La fatiga se propaga como la trama de un rayo»
«Dirige la masa con las ínfulas del poder ocasional del timón en la mano»
«A todos nos entregan una posible meta común. Así pareciera…»
«Visual del navegante: nos abandonaron cargados de promesas»
«La travesía es dura. Abatidos en la jaula aguantamos»
«¿Y este surco quebrado y estrecho donde resbalamos y malogramos el pan diario?»
«Ni la pureza del cristal puede evitar el ardor del roce»
«La vida nos permite brillar atravesados en los ojos tristes las raíces rebrotan»
«Cantemos un himno que congregue la jauría: primario, ruidoso, urbano»
«Suben tanto el premio en la vara que no nos queda más opción que bajar al empedrado»
«Total: 160 pasajeros. Casi lubricados logramos un lugar»
«Tenacidad: ¿Cuántos siglos atravesando el instante?»
«Uno de los señores pasajeros fue un bulto de agua oscura, un desvanecimiento apenas…» –Joaquín Giannuzzi
«Las caras ofrendan el latido, encendido más allá de la memoria y el lenguaje».