Hay una casa en llamas
en algún lugar de la mente,
alguien intenta huir
alguien no permite que el otro escape.
Michael Burkard
La luz del día se destapa sobre el césped como una enfermedad
esta mañana, como un incendio que viaja sobre las vigas,
y el gnomo y yo escuchamos
el atroz aumento gradual de la crepitación y los escupitajos
de los vapores de la carcoma. Silban para producir
el siseo de los que todavía no mueren, de la zarpa violeta
recién mudada que quedó salpicando en la cacerola de manteca,
y acomodan todos los tablones desbordados sollozando
como lunáticos que tocan el flautín.
¿Qué tal si así sucede, si así perdemos
nuestra íntima fábula? Los huesos porosos,
como las ramas madereables que son, ya colapsando
sobre sí mismos. Los aleros encendidos, dispuestos
al desplome desde la súbita levedad del ser.
¿Qué tal si esto es mi vida, en llamas,
la mecha de ganglios y sinapsis encendida
chispeando como mancha de cenizas doradas
que destella y después se esfuma?
¿Qué tal si mi vida es el perro aullador del vecino
que ha destrozado las amarras y va de patio en patio
rogando que lo dejen entrar?
Este poema forma parte de un conjunto que indaga sobre el fenómeno del síndrome del ocaso, la divagación y los gnomos de los jardines. Quería explorar la idea del ego y las múltiples fases de la consciencia que se manifiestan en el Alzheimer. La hermosa y provocadora imagen de Burkard de un “ego” atrapado, en la propia mente que se desquicia, por otro “ego”, fue la semilla de este poema.
Sean Nevin enseña en la Universidad de Arizona, donde es asistente del director del Programa de Escritores Jóvenes y coeditor del 22 Across: A Review of Young Writers. Sus poemas han sido publicados en The Gettysburg Review y en el North American Review, entre otras revistas. Recibió la beca de literatura en poesía de la Fundación Nacional de las Artes y es autor de A House That Falls (Slapering Hol Press) y Oblivio Gate (Southern Illinois University Press) que ganó el premio a opera prima de Crab Orchard.