Aurelius Battaglia, el charlatán gritón más grande del mundo,
ha matado a todo el mundo del aburrimiento
con su vocinglería, en reuniones de cocteles y bares
en Nueva York, Hollywood, Londres, París, Roma.
Ahora, cuando lo encuentro en el bar de Ciro, no puede hablar
porque le han operado un cáncer de laringe
sólo puede susurrar, constantemente, escupiéndome en la oreja:
afirma que así es su destino, que se lo merecía,
que lo castigan por el pecado de orgullo excesivo,
por vanidad presuntuosa,
está pagando por toda la gente que fastidió
con la hegemonía vociferante e inmoral que imponía en toda conversación,
se siente orgulloso de su fatalidad personal irónica y trágica
de ser el máximo charlatán gritón que el abuso de las cuerdas vocales
haya silenciado con un inevitable cáncer de garganta.
Trato de decirle, “Aurie, Aurie” aunque no puede oírme
en medio de su logorrea frenética susurrante especulativa egoísta,
—Escúchame Aurie, es verdad que te mereces tu destino,
que eres un charlatán abusivo apagado por un cáncer de garganta,
no creas muy firmemente en destinos hechos a la medida o en tragedias
o simplemente en castigos para el exceso de orgullo: son puras pendejadas:
puede que sólo te ayuden en tu agonía personal
pero debes acordarte de la contingencia, acuérdate de los accidentes
de automóviles,
acuérdate de la muerte por casualidad de personas inocentes en las guerras,
en la política, en los incendios, en las epidemias, en los accidentes aéreos,
y en lo que se te ocurra,
vivimos como hordas de animales, los accidentes impersonales de personas
ocurren sin importar las características del sujeto, sus vicios
o virtudes.
Entonces, escucha, Aurie, cuando esta noche salgamos borrachos del bar de Ciro,
después de que cierren, cuando todavía estemos discutiendo sobre este asunto,
cuando no me estés escuchando y yo no te escuche,
alguno de los conductores borrachos de los alrededores
nos puede atropellar
y eso no sería trágico, ni siquiera sería el destino:
simplemente sería algo risible: la muerte.
Así que, modera el paso, Aurie, modera el paso.