Bogotá, 1975
la física dice
que las partículas buscan el desorden
espontáneamente
desde la buseta en que iba
vi un muerto encorbatado,
frío,
centro del surtidor
de una muerte roja y viscosa,
que me obligaba a tenderme a su lado
(quería hacerme bañar en su piscina de sangre)
—tú sí eres un muerto de verdad,
en cuerpo y alma
(sin descomposición artificial,
ni actitud de primera página),
un muerto de este mundo
en la certeza desolada
de las manos sin intención
ese rojo que te brilla
no es tinta con reflector,
sino sangre y sol
(inacabable toro carmesí,
libertado del corazón,
al que el color le tiembla)
te quedarás a vivir en este poema,
sin descanso
quién eras,
muerto callejero?
por qué ese espectáculo,
y para quién tu muerte
hace maromas
y da un show en los andenes?
ya nunca te anudarás la corbata
(no sientes un semáforo verde calmante
en el cuello?)
tus narices, hiladas de sangre
hablan un lenguaje bajo,
un idioma relleno de galerías profundas,
cráteres,
telarañas
y lava ardiente
se te fue la vida;
no esperes que pase otra
(ella no es como tu bus diario)
esa mirada te extirpa de este mundo!
nosotros ya tenemos largos ataúdes
de asfalto como el tuyo
despedazado! despedazado!
trozos de tu carne
se volverán pájaros,
tus líquidos
a los que el sol pondrá turbinas
volarán sobre los edificios
hasta las más altas nubes
te enfriarás más que el suelo
y ya no podrás quejarte
—muerto,
a qué la carne sobre tus huesos?