Blanqueados a trechos
por las copas de los yarumos.
Dondequiera que esté,
esta imagen, como un rayo
irrumpe cuando comienza el aguacero.
Llueve de tal forma
que pareciéramos sumergidos
en un fondo de océano.
Agua, sólo agua, mucha agua.
Nada más libre de artilugios verbales.
La lluvia lava el bambuzal,
y el ruido de la lluvia
en el bambuzal
lava mi espíritu
que hace un rato se sentía sucio.
La intermitencia del sonido
de las gotas sobre el techo.
Como si alguien perforara
con alevosía la noche
para extraer alguna sustancia efímera.
A ver si se arregla
esta mierda ahora que salió el sol,
pero no se ve nada.
Un taxista a otro,
a propósito del mal día para el negocio.
Temporada
de truenos y relámpagos.
Señal inequívoca
de que todavía quedan aire y luz
entre los despojos del paisaje.