Jorge Isaacs escribió “La María”…

La lengua de plata lunar
era la punta de un iceberg:
el deseo,
que como un murciélago extraviado
aleteaba sobre el Valle,
borroneando la claridad lechosa
que caía,
como miel de neón pálido,
sobre la tierra rasa.

En los farallones lejanos,
las copas de los yarumos
padecían sus pinceladas blanquecinas.

El silencio lunario
era rasgado por un arroyo,
que como una rémora de los bosques húmedos
entraba sorbiendo los besos gaseosos
en las alcobas de la Casa de la Sierra.