La horma que ceñía los cuerpos al colchón
desbarató los moldes.
La escultura virtual se desvaneció
como las direcciones de un poema
en la memoria ram.
El bajorrelieve que la gravedad
había tallado en el somier
desapareció para siempre.
El poliuretano interpretó
una melodía plana y lisa:
el latex se regocijó
en la amnesia
de los volúmenes deshechos.
¡Los colchones sin retentiva ni arraigo
son alegría y orgullo fatuo
de insignes y prósperos colchoneros!