Con sevicia,
el totumo se separó
en dos cuencos
de milimetría perfecta.
Pernocto,
sobrevivo en éste,
el otro miserable casco
de la fruta seca.
En el tazón del desalojo,
las lentejas solitarias,
desgranadas,
se sofocan entre granos de arroz
solícitos,
salicílicos,
nigrománticos...