no estoy prendido,
más bien:
desenchufado
para sonreír
tienen que forzarme
y para que no mire
con mirada extraviada
tienen que reconstruirme
nada me puede prender,
nadie me puede prender
como un televisor apagado
o un tiovivo sin corriente
—qué horriblemente cae el sol
empapado en esa luz anaranjada,
qué falso,
qué hipócrita este atardecer
que derrama sus colores automáticos
en la pantalla hemisférica de siempre—
estoy aún más fuera de servicio
y cortado de cables,
sin potencia germinal