si pudiera coger el hígado con las manos,
sostener su alma blanda
—rubí gelatinoso—,
verlo,
sentir su presencia de pulpo,
detallar su arborescencia coagulada,
qué idea tan distinta la que de mí tendría!
si me pudiera examinar la sangre,
sacármela como un hilo delgado,
extenderla en el espacio
...hacer bolitas rojas con las cosas
airear la tubería más íntima
si tuviera el descaro
de descarnar mis huesos,
manipular los tendones
como lápices;
soportar la presencia desnuda de vísceras
que me son queridas
o desenredar mis intestinos
con mis propios dedos
ver esa interioridad tan negada
—cada mapa arterial,
cada grasa gordita,
cada paisaje de músculos bermejos—
en el despelote inaudito
de una intimidad cansada
qué distinto sería todo:
no presumiría tanto