Tesón

Te levantaste de unas cenizas dudosas para engañar el mundo.

Quisiera saber qué potencia te izó en vilo sobre el horizonte de la tierra hostil y te empujó los últimos días. Increíble reverdecer, astuta perseverancia. ¡Qué vuelo rasante sobre la crueldad de una realidad que nunca deja de ser esquiva y provisoria!

Así quisiera levantar el verdor sobre las arenas movedizas, así quisiera izar la risa sobre la flor de los muertos, así quisiera enamorar al aire sobre la esquelética dulzura de las manos quejumbrosas.

Todos quisiéramos un manojo de fragantes rosas elevadas en vilo sobre los reclamos de la muerte, así como levantaste tu osamenta más allá de lo soportable, más allá de lo permisible, hasta la orilla de una cama de hospital donde terminaste de bordar la flor de tafetán dorado para lucir en el carnaval de los astros advenedizos.

Hasta el último borde, donde de un golpe vaciaste toda la sangre, cansada y triste. Hasta allí, donde desconcertados, te recogimos en cenizas, y en lugar de levantarte, nos levantaste, nos levantas, en este rumbón confuso. Hasta que, abatidos, también nos demos de narices contra el playón extremo.