Cocina en el mar

En el menú del Club de Pesca no había Langosta a la Termidor. Si hubiera habido, tal vez no hubiera resistido las ganas de pedirla y apenas mordisquearla. En su lugar ordenamos Mariscos a la cartagenera. El limón y una yerba —creo que cilantro— sobresalieron, logrando un acorde con los patacones que resaltaban la arena nativa. El plátano soltó un sabor vernáculo.

La velada transcurrió cúbica, eléctrica. Al fondo, los regatistas se trenzaban en la lucha por las anécdotas, tratando de confeccionar lo que las muchachas perfumadas consideran una gesta. El vino rodaba y el parlante soltaba una nota porfiada, monotemática: aparentaba la salida de un electro.

No nos quedamos mucho tiempo. La casa nos reclamaba, aunque allí, ya no esperas.