Solar en el trapiche

Nunca la imperfección había alcanzado forma tan amorosa. El sol, que comienza a escarbar el agua entre las grúas del terminal de carga, hoy se me antoja una moneda de cobre, hasta el cogote untada de una pátina vital. El mismo óxido que consumió tu llama. Extinción es la palabra del día. La invitación del fuego purificador, que ahora inicia esa ficción de la esfera que gira, y llamamos paso del tiempo. Fábula que entre tus manos era aguja para hilvanar los corazones con hebras agridulces.

No ibas tras la huella de sangre del vampiro. En cambio, perseguías un bordado encendido en los afanes diarios. Querías congregar un banquete imposible y feliz, como el que ahora la luz inicia en trémolos rutilantes sobre el agua. Más tierra, más aire, así se asentaban los cuatro elementos sobre tus ojos hechiceros, cada vez que te levantabas a agitar el tierno desorden de los trastos en la heredad de las cañas azucaradas.