Doble faz

El sol, al levantarse esta mañana sobre la bahía de Cartagena, intentó falsificar las monedas de oro que tus ojos tiraban al brocal, cuando el jolgorio prendía un algodón agridulce en tus cuencas.

Al otro lado del cerro, sobre la ciénaga de la Virgen, la miseria cantaba la negación de la opulencia, exhibiendo la mierda que hay del otro lado del canto de la moneda, en el hambre prendida a las estrías del metal.

Las grúas de la sociedad portuaria, insomnes, bombeaban mercancías; hacia dentro, hacia afuera, con febril constancia. Otro día nacía a la vitalidad del comercio, en el otrora puerto negrero, que con renovados bríos templaba el encordado del nuevo día.