¿Noche reparadora? Al menos el mar parece haber encontrado bálsamos para restaurar las astillas del día puestas a remojar en la pureza de la noche oscura. Pesada carga le espera entre rápidas pinceladas rojizas, a este arranque. No queda más remedio que respirar a pesar del peso que te cayó en el tórax y te forzó a un silencio entre los fuelles del balso.
Tirada sobre la badana como un acordeón estragado, abandonado por un gnomo siniestro y burlón. Siento el aguafuerte de su mirada. Hasta en los límites del color se adivina su tono mordaz, su escalpelo irreversible.
No tenía más intención que congelar tu diafragma para enriquecer su polvosa colección de porcelana y salitre. Tan apacible, como si tu ruina fuera una milhojas herida entre las manos huesudas de una pitonisa hidrocéfala y testaruda, empeñada en anunciar el final de la fiesta.