Nos levantamos
para alcanzar las agarraderas
y apretamos
para sostenernos
en el sacudón de la marea.
Los subordinados agotamos
los harapos de la madrugada.
Golpeamos la aldaba mayor
después de la oración que repetimos
al recoger las tajadas de salario.
Los reyezuelos nunca permitirán
que abandonemos la Edad Antigua.