Traducciones – Du Fu


Canción de los helicópteros artillados

Los helicópteros artillados tartamudean y crujen,
las llantas se hunden, los motores resoplan:
los que van a la guerra,
con fusil y munición terciados,
se preparan para subir a bordo.
Madres y padres, esposas e hijos
se congregan alrededor del campo:
la nube de polvo de la despedida es tan densa
que el puente de La Esperanza se desvanece a lo lejos.
De todas partes llegan a la base aérea para llorar
un llanto que se quiebra contra el cielo,
mientras jalan a los soldados de los uniformes
como para que no se los lleven.
A un lado del camino,
un transeúnte le pregunta a los que van a la guerra,
las razones para ir a la guerra,
a lo que un soldado responde con sencillez:

-Nunca tuvimos otra salida.
Apenas cumplíamos quince nos llevaron al norte,
a patrullar el río Amarillo.
A los cuarenta debimos ir hacia el oeste
para reforzar los campamentos de la frontera.
Entonces, los ancianos de los caseríos
nos enseñaron a amarrar los cascos;
y ahora regresamos con la cabeza cana,
para que nos envíen nuevamente hacia tierras lejanas,
tierras donde las marejadas de la sangre
son más caudalosas que las del mar.
Y los sueños de conquista imperial
de los comandantes no tienen fin.
¿Acaso no se ha enterado
de que al oriente de la cordillera,
en las tierras medias del río Madre,
el abrojo invade los caseríos
y el azadón y el arado
yacen oxidados en medio de los escombros
y no se puede distinguir entre los cultivos y la maleza?
Es la eterna historia de los desplazados:
cuando sobrevienen los violentos combates
terminan peor que las gallinas o los perros.
Pero, siendo que usted preguntó, señor,
¿cómo no puedo aprovechar la ocasión para quejarme?
Imagínese cómo ha de ser la temporada de lluvias en los Llanos.
Los hombres aún no han regresado
y los funcionarios presionan para que los pobladores paguen las contribuciones.
¡Contribuciones! ¿Cómo podrían pagar contribuciones?
Hasta el nacimiento de un niño se ha vuelto una tragedia.
La gente prefiere tener hijas
porque el nacimiento de una niña
al menos termina en matrimonio,
mientras que el de un hijo
termina en una tumba abierta no se sabe dónde.
¿No ha visto cómo los huesos de los antepasados yacen,
desteñidos y sin dueño,
en la orilla de los mares del Cielo Azul?
¿No ha oído cómo se une una nueva voz
al lamento de los antiguos fantasmas?
Un siseo, en medio de la lluvia,
que sube hacia el cielo plomizo.

Versión libre en la que se ha descontextualizado el contexto histórico