Traducciones – Shira Erlichman


El monje

Tenía quince años cuando el célebre fotógrafo me encaró. 
De pie, cerca de mi radiocasetera, Rage Against the Machine
novedosos en mi mano, lo capté. El monje sentado
en silencio meditativo mientras las llamas devoraban
su túnica, su existencia. No sabía qué era el Budismo,
mi lengua nunca había articulado la palabra "autoinmolación".
Apenas me enamoraba de las maniobras en la guitarra de Tom Morello,
ese desgarre en las cuerdas, las preguntas que su instrumento
se negaba a contestar. Su álbum me inició
en todo lo anti.
En la clase de español, deslicé los audífonos
bajo la capucha de la sudadera y me sumergí en Killing in the name
mientras el señor David explicaba los modos verbales.
Pero esa noche en mi dormitorio,
al examinar la foto,
la única palabra que brotó de mi mente fue cómo.
Cómo fue posible.
Cómo sencillamente se sentó ahí.
¿Y cómo dar razón de mí, cuando mi cara se arruga de dolor
al caerme en el entrenamiento de fútbol, o cuando siempre que me llega la regla
las náuseas no me dejan parpadear?
Internet dice que lo hizo por la Paz con P mayúscula,
se prendió fuego por el beneficio colectivo.
No puedo dejar de pensar en ti:
mueres en mi sangre todas las mañanas, todas las noches.
Qué bendición, mi monje,
ser tu lumbre.