¡Qué rara es la vida!¡Cuán incomprensible! Como si regresara de ella como se vuelve de un prolongado viaje y tratara de recordar dónde había estado y qué había hecho. Casi no puedo enfrentarla, y la parte más difícil es tratar de visualizarme allí. Tengo propósitos, motivos. Tomo decisiones, realizo acciones. Sin embargo, desde aquí aquel hombre parece tan irracional y absurdo. Como si no actuara, sino que fuera puesto en movimiento por fuerzas que lo manipularan. Porque, después de todo, escribí muchos libros, aquí están, y aquí está él; ¿cómo encontrar una conexión sin interrupciones entre él y ellos?
Así que, incomprensible para mí mismo, quisiera adivinar quién fui para los otros, en especial para las mujeres a quienes me unieron lazos de amor o amistad. Demasiado tarde. Somos como un teatro de marionetas anestesiadas. Los títeres yacen enmarañados entre las cuerdas, lo que no da ninguna pista de cómo fue el espectáculo.