Cuando cierro los ojos aparece una llave blanca.
Pero tal vez sea una caja, así que no debo apretar.
Los lados son color azul ostra, pero no puedo saberlo
sin darle vuelta. El músico me dijo
que su hermana y él, lo rotularían Mañana en alemán
y pelarían los dientes y abrirían las narices
como muestra de especial afecto. En la caja blanca
no va a decir Mañana en alemán. O ensalada canasta en latín.
Debe ser una escritorio desgarrador.
Allí dicen que formar parte de un secretro
significa precisamente pertenecer a un secreto:
como gozar a una pareja
contemplada por un tercero en el acto
de crear sentido.
Está escrito en el piso de un hospital
que los humanos mueran.
En otro que den a luz.
En un tercero que produzcan mentones nuevos.
En un cuarto piso que los corten.
Cuando los pisos se confunden por error,
generalmente en el medio
el escritorio suena como una lija
bajo las cáscaras de tinta, y las narices
se ensanchan para tomar aire. Hablamos, nunca cantamos,
porque la música crea espacio para que el dios se estire
y el dios mata cuando crece adentro de la cabeza.