Dos veces antes de acostarme, a través de la ventana,
oí cómo se comían un gato.
A medida que el gato se partía, sonaba
como la cuerda de un globo cortado por unas tijeras
para hacer rizos y lograr que el cumpleañero
sonría mucho más.
Anoche, cerca de la misma ventana,
lo que más se oía era mi respiración, adentro de la respiración
había un bebito succionando
para sacar leche de mi aire.
Cuando enderecé la espalda, el bebé
creció hasta convertirse en carpintero,
clavando sus sesos dentro de los costados de mis pulmones
para lograr que el interruptor de luz fuera seguro para bebés.
Accioné el interruptor, entonces iluminó
una pintura de mi trasero liberado y lleno de escaras
para que sirviera de burla a mi respiración.
¿Por que mi respiración es tan diferente a la tuya?
¿Mis orejas? ¿Por que soy el único que oye cosas tan anormales?
Aunque, detente a reflexionar, la muerte es completamente natural.
Solo estoy molesto. En todos lados los rumores de la vida
forman cardúmenes en el estanque que compartimos, como tortugas en celo.
Los autos pasan silbando, los palabreros zumban,
las serpientes escupen veneno, Martín y Martina dicen sí
y sollozan y se contienen, pero mis oídos en cambio se llenan
de cáscara de huevo que los padres arrogantes quiebran.
Limpié mi oído izquierdo,
pero la uña cortó el tímpano.
Se llenó de agua
y por ahora está sordo.
No voy a limpiar el derecho. Ningún cambio súbito.
Mantengan todo seco. Dejen que encuentre la forma de curarse.
Y yo: apenas prácticar la vida contigo sorda.
A veces tu cerebro no es bien recibido
como los músculos o las armas de fuego. Para los otros es evidente. Puede que hasta
para todos. No tengas ningún deseo. No te organices.
No compres un libro. No te acuestes temprano.
Busca el color beige, en víveres y en paisajes.
Mastica chicle si te sientes abrumado.
Estás solo en esto. Significa que nadie te puede detener.
Ya casi llegas a la meta.
Pero primero, debes elegir una meta.