I
¿Hay algo abajo, cerca del agua, que se resguarda de nosotros,
algún suceso huidizo, algún secreto de la luz sobre las profundidades,
alguna forma de tristeza que no desea descubrirse todavía?
¿Por qué deberíamos preocuparnos? ¿No lanza el deseos su
arco iris sobre la carrasposa porcelana de la piel del mundo
y con sus dimensiones ocupa el aire? ¿Para qué buscar más?
II
Y ahora, cuando los abogados de la fealdad y la tristeza
empujan la barcaza chorreante playa arriba y playa abajo, vamos a comer
el rodaballo, y a tomar un tragito de este magnífico borgoña blanco.
La verdad, la luz es artificial, y no estamos bien vestidos.
Y qué. Nos gusta este espacio. Nos gustan los bueyes de la pradera contigua,
no gusta el sonido del viento sobre la hierba. Tu forma de hablar.
En voz baja, las revelaciones de tarde en la noche . . . ¿Por qué
vivir para algo distinto? Nuestra obra maestra es la vida privada.
III
Parados en el muelle, entre el Cisne Móvil y la Estrella Inmaculada,
respirando el aire nocturno como un momento de placer obtenido
en el aparente crecimiento del placer fugaz, su belleza
Sucia que sólo puede ser lo que fue, manteniéndose
un poco más en su recorrido, pienso en nuestro propio discurrir sin tropiezos
a través de sucesivos compartimientos, las crisis que se desangran
Dentro de lo ordinario, dejándonos cada vez un poco más cansados,
un poco más alejados de las experiencias, las que, en los días del pasado,
nos mantenían cautivos por horas. El paseo a lo largo del camino sinuoso
De regreso a casa, el mar batiéndose contra los acantilados,
el vaso de güisqui sobre la mesa, el libro abierto, los interrogantes,
todas las recompensas del día esperando en las puertas del sueño. . .