Qué piensan de mis gafas nuevas
pregunté mientras me paraba bajo la sombra de un árbol
frente a la tumba que comparten mis padres,
y lo que siguió fue un prolongado silencio
que descendió sobre la procesión de los difuntos
y más allá sobre los campos y los bosques
uno de las cien clases de silencio
conforme con la creencia china,
cada uno bien diferenciado de los otros,
pero las discrepancias son tan sutiles
que solamente unos cuantos monjes singulares
son capaces de distinguirlos.
Hacen que luzcas muy académico,
escuché que dijo mi madre
apenas me tumbé sobre el suelo
y apreté una oreja contra la blanda yerba.
Después di la vuelta y apreté
la otra oreja contra la tierra,
el oído al que mi padre gustaba hablar,
pero padre no me diría nada,
y no pude encontrar un silencio
entre los 100 silencios chinos
que encajara en el silencio que él creó
a pesar de que fui yo quien
acababa de inventar el asunto
de los 100 silencios chinos:
el Silencio del Barco de la Noche
y el Silencio del Loto,
primo del Silencio de la Campana del Templo
solo que más profundo y suave, como los bordes más apartados de sus pétalos.