Poemas de Alan Dugan
- Le dicen grumus merdae
- Disculpas (a la Musa)
- Esta mañana acá
- Acerca de la aniquilación de la zoología
- In memoriam: Aurelius Battaglia, y en contra de su sentido trágico de la vida
- Oración fúnebre para un ratón
- Para un parásito obligatorio
- Para una niña que cree en la astrología
- Sobre la plomería después de un ataque aéreo
- En contra del texto “El arte es inmortal”
—El nihilista cómico—
Que la corriente dominante en la cultura estadounidense le haya concedido varios premios importantes a un poeta como Allan Dugan es una señal que hay que atender. En primer lugar, porque Dugan no permitió que lo incluyeran en ninguna escuela de poesía; nunca formó parte de los Beats, ni de los poetas del lenguaje, ni de los de la Montaña Negra, ni de la Escuela de Nueva York. Tal vez esta sea la razón por la cual, los críticos y otros poetas hayan afirmado que sus textos no contienen ni siquiera trazas de poesía. No es que a él le importara, siempre la pasó enfrascado en el desafío de críticos cuadriculados y en defensa de la libertad de acción en el arte.
En segundo término, no hacía concesiones cuando se trababa de buscar y revelar la verdad, por prosaica, incómoda o dolorosa que fuera. Su poesía es de una sinceridad cruel, de una honestidad honrada, de una conciencia amarga. Siempre estaba hurgando en el mundo en una suerte de pugilato contra la experiencia para desentrañar y afirmar la verdad que el resto no quería ver; de este modo produjo poemas tan sinceros y nítidos que parecían pirograbados. Nunca vaciló en decir la verdad a los poderosos.
“De vez en cuando viene bien ser ladrón,
mejora las funciones del corazón y beneficia
la circulación de la sangre, el dinero y las mercancías.”
Esta actitud de seguro le trajo problemas porque generaba incomodidad entre sus compatriotas. Dugan era un “gringo” con el que la mayoría de los estadounidenses no se sentía a gusto; pero esto no era un impedimento para su labor develadora.
“Quemamos la basura botánica
y pusimos la vida donde corresponde:
en los zoológicos.”
Era un narrador de verdades embarazosas que —paradójicamente— a menudo apelaba a un tono que podría llamarse sacro. Sus poemas no tienen muchos adornos y son poco convencionales. De una gran agudeza, no hacen concesiones a nada, a tal punto que a veces parecen crueles. Aún los tramos amargos de sus versos desbordan belleza y profundo conocimiento. Desde los primeros poemas fue mordaz y mostró un estilo bien definido, con los años la calidad agridulce de su obra se fue acentuando.
“Todas las artes son pasajeras. Todas las artes son desperdicio.
Vayan a Egipto. Vayan a mirar la Esfinge.
Se está cayendo a pedazos…”
A lo largo de su obra se encuentran comentarios humorísticos, sombríos y variados sobre los Estados Unidos, nación que considera mancillada y en las puertas de una fase que Dugan considera terminal. Siempre expresó imágenes con formas bellas, extrañas, y llenas de significado. Incluso sus más leves esfuerzos —aun sus destellos de repugnancia— tienen algo de su sello peculiar, de la solidez de su posición y su intención mordaz.
Sin embargo, la sensibilidad de Dugan no se limita a la comprensión mortificada y las conclusiones severas; también tiene la capacidad de mostrar compasión cuando enfrenta lo trágico e inexplicable, lo fantástico y enigmático, tanto en la naturaleza como en el hombre. Sus poemas son logrados con mucho esfuerzo, en ellos una mente inquisidora de lo cotidiano plasmó su experiencia vital.
Uno de los logros notables de Dugan fue encontrar en materiales triviales o mundanos, toda la profundidad y la fuerza de la poesía. Su magia se fundamenta en la habilidad para llevar a los primeros planos los detalles pequeños e inmediatos, para hacernos caer en cuenta de algo que estaba un poco por encima de nuestra mirada, y no veíamos. Su arte apunta a indagar en los aspectos más insospechados de la vida y la muerte.
“y la desnuda en la bañera del cuarto piso,
aunque muerta deseable, los cueros al aire
se convierta en la deidad de los manantiales urbanos.”
Todo el tiempo anima sus poemas con observaciones seductoras sobre las batallas cotidianas de la vida y con imágenes humorísticas tomadas de temas sombríos e intimidantes de la vacuidad existencial; para producir poemas que lo ligan al mundo en un tipo de pragmatismo desgarbado. Por esto algunos críticos lo llamaron “el nihilista cómico”.
Sus principales temas fueron la guerra, la experiencia cotidiana doméstica, el adulterio, una erección espontánea en una lectura de poemas, lo que el gato hacía mientras él estaba trabajando. Temas triviales, como se evidencia en Oración fúnebre para un ratón en el que dice:
“Sin ponernos sentimentales, la ratonera incluye nuestra particular
concepción del ratón, pero para el ratón
es el árbol del bien y del mal con
su fruta trascendente, su crucifijo auténtico
y las puertas del infierno…”
En toda su obra, Dugan utilizó una gran variedad de estilos visuales: poemas en columnas múltiples en una página, poemas centrados en la página, poemas con estrofas, poemas con cajas de palabras apartadas del resto del poema, y muchos otros.
Nació en Brooklyn, Nueva York, en 1923 y creció en Queens. Ingresó en la Universidad de Queens en 1941, pero tuvo que enrolarse en la Fuerza Aérea en 1943. Sirvió en el Pacífico como mecánico de motores de bombarderos B-29. Allí encontró la forma de escribir poesía en escritorios improvisados. Después de la guerra obtuvo la Maestría en Artes en 1949 en la Universidad de Ciudad México. Entonces se mudó a Nueva York para escribir. Comenzó a desechar sus anteriores influencias, T. S. Eliot y E. E. Cummings, y para volcarse sobre William Carlos Williams, un poeta con quien los críticos a menudo lo comparan.
Su única obra (colección siempre renovada) Poemas Siete: Poesía nueva y completa comprende una carrera de cuarenta años de arte honesto, arduo, y muestra a un hombre de casi 80 años todavía en la plenitud de su fuerza poética.
Además de su carrera como un poeta, Alan Dugan trabajó en agencias de publicidad y en editoriales. Enseñó en Connecticut College, Sarah Lawrence College, la Universidad de Colorado en Boulder y el Centro para las Bellas Artes de Massachusetts.
En 1982 recibió el premio de literatura Shelley Memorial del Instituto y Academia Estadounidense de Artes y Letras. Con su colección Poems (1961), fue seleccionado para la Serie Yale de Poetas Jóvenes, ganó el Premio Nacional del Libro, y el premio Pulitzer de Poesía. Su último libro Poems Seven: New and Complete Poetry (2001), le permitió ganar de nuevo el Premio Nacional del Libro. En el 2002 ganó el premio literario Lannan de Poesía. También ganó el Prix de Rome de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, y fue becado por la Fundación Guggenheim y la Fundación Rockefeller.
Las versiones incluidas fueron tomadas de Poems Seven. New and Complete Poetry. Seven Stories Press, New York, 2002; y traducidas al español por Armando Ibarra Racines.