Poemas del Metro de Medellín – Armando Ibarra Racines

EN LA MAÑANA, LÍNEA A, DE ITAGÜÍ A INDUSTRIALES
Abordaje
Segundo despertar: en espumas deshecho,
rodando hacia Niquía.
Las nítidas sombras se perfilan como un
propósito del día.
Se comienza a cocinar una maraña de
miradas que me arrastran.
El violín reposa en el estuche, dentro sólo el
ronroneo de las vías golpeadas.
Mi vecina de viaje casi me habla, sentí el
golpe de sus palabras en la garganta apretada.
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EN LA MAÑANA, LÍNEA A, DE SAN ANTONIO A NIQUÍA A ACEVEDO, LÍNEA K A SANTO DOMINGO
Caribe truncado
Un viaje al esplendor de la mañana, me
susurra la voz ronca del parlante.
La paloma encontró el camino entre el carril
de ladrillos.
¿Habré dejado la llave del gas abierta? Telas
que rasgan el aire.
El cementerio al lado de los moteles cierra
un circuito verde.
Casi alcancé a escuchar el aleteo de los
poemas encerrados en la biblioteca de la U de A.
En el vagón de los reflejos, nadie escribe un
poema, allí viajan los poemas.
Los ladrillos aprisionan las tejas; tal vez
para que los sueños no vuelen.
“Loco de contento, con mi cargamento, para
la ciudad”: la canasta.
El sol refulge sobre la carátula de un libro:
Luna nueva.
Junto a la estación antigua, un cementerio
de trenes anuncia el final del viaje.
Regresión
El chiminango trajo el recuerdo del abuelo, el
niño una lágrima.
¡Ah! Los lejanos viajes a Jamundí en ruidosos
vagones de madera y metal.
Me asaltó el pasado sobre este asiento que
va en reversa.
Abisal infantil
Un zumbido como el de la vieja máquina de
coser de la abuela. ¿Estará cosiendo las nubes?
El canto del gallo era envidia de estos
mamíferos sin alas, que volaban.
Los niños juegan, sus voces en el fondo del
abismo, como un tapiz de aire.
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EN LA MAÑANA, LÍNEA L, DE SANTO DOMINGO A ARVÍ DIVERTIMENTO
Divertimento
Jugando a las flores, los calzoncillos lucían
pintorescos sobre el arbusto.
Jugando a las nubes, el agua lucía pintoresca
sobre las montañas.
Jugando al reflejo, mi camisa lucía
pintoresca sobre el cristal.
Jugando al avión, el ave lucía pintoresca
entre los cables.
Jugando al silbido, el viento lucía pintoresco
contra las paredes de la cabina.
Jugando al poema, la idea lucía pintoresca
encerrada en el coco de la cabeza.
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EN LA TARDE, LÍNEA K, DE SANTO DOMINGO A ACEVEDO, LÍNEA A, A SAN ANTONIO
Azores
Los dados de la biblioteca nunca rodarán,
nunca rodarán.
Las ropas ciegas reciben el sol de frente, la
luz les sacude las miradas.
El sol de los venados contra el tigre de la
cobija puesta a secar.
Triunfo precario
No es que los pilotes sostengan el
cambuche, apenas evitan que caiga al agua.
El parque de diversiones pinta colores
metálicos en la tarde.
El brillo de la cúpula dorada preside el
sueño de los difuntos.
En cada estación, un reloj; en cada asiento,
un afán.
Trofeos sobre la baranda en un difícil
equilibrio.
EN LA NOCHE, LÍNEA A, DE NIQUÍA A ITAGÜÍ
Nocturno
Siempre le he temido a la noche.
Embistámosla con esta máquina iluminada, a
ver qué pasa.
Cómo envidio la claridad dentro del vagón.
Espero que a esta velocidad, los colmillos
de la fiera no me alcancen,
o que mi imagen de espejo no se golpee
contra los postes que nos doblan en velocidad.
El piso no se quebrará,
si esas vallas lustrosas me sirvieran de
amuleto,
o el bolso donde hay apresada una mariposa
en hilos de oro.
Las risas como un navajazo contra el marfil
arremeten contra las sombras,
arrinconan los perros rabiosos.
La conversación del amor entra victoriosa:
los que van de fiesta sueltan el confeti vital.
¿Dónde está el verde que inundaba el valle?
Por un instante presiento el sabor
subterráneo del metro de París.
Los ojos cerrados no harán que vayamos
más rápido o más despacio.
¿Y si alguna aquí no quisiera llegar?
¿Y si otro no quisiera esperarla?
Creo que entré en la noche con una lágrima
contenida y un dolor antiguo.