Poemas del Metro de Medellín – Rubén Darío Lotero

ITAGÜÍ – SAN ANTONIO – SAN JAVIER. MAÑANA.
El abuelo había nacido en Envigado.
Por eso mi padre de niño subía a coger
mandarinas en la finca de Ayurá.
Y ahora, a los ochenta y cuatro años, vive en
un edificio cerca a Aguacatala.
Recuerdo que de niño nos llevaba a ver los
“alumbrados” en el Poblado
cuando era empleado en la fábrica de hilos
de los franceses.
Ahora debe usar audífonos para escuchar las
canciones
mientras yo llevo papeles para que lo firmen
los funcionarios de la Alpujarra.
A los sesenta años murió en Bello el abuelo
Antonio.
De joven tuvo un bar para los viajeros en la
estación Cisneros
y sus tíos eran “guapos” que defendían su
honor a puñaladas.
Antes de morir nos hizo la visita en nuestra
casa del Estadio.
Salimos a caminar con él por el puente bajo
la floresta.
Ahora yo camino por los alrededores de la
iglesia de Santa Lucía.
Hace un mes murió el otro Antonio, mi tío,
en San Javier.