Poemas del Metro de Medellín – Jacques Jouet

POR LA MAÑANA, LÍNEA A, DE SAN ANTONIO A NIQUÍA A ACEVEDO, LÍNEA K A SANTO DOMINGO
“Es un metro como cualquiera, rápido
y feo”, escribe Fernando Vallejo en
Desbarrancadero
hay como una fatalidad destructiva en cierta
literatura potente a lo Thomas Bernard
pero el metro no tiene que ser hermoso en
sí, una ventana es una ventana, nada más, el
paisaje
mismo no tiene responsabilidades, estas son
del ojo, de la mano de los constructores
evidentemente que es cualquiera, eso ya es
algo, como mi estilo, por lo menos ¡no es
lujoso!
modesto, he ahí, mejor modesto que
cualquiera, público y barato
las vidas humanas son miles de millones,
todas en equilibrio sobre la barranca
aquí, en Medellín, este metro me lo muestra,
es un cañón-paisaje
juego en vez de fuego, tiene la imprecación
que me hace reír
uno no se reconstruye, preferiría siempre la
admiración
de ese rojo severo del ladrillo, del verde
copioso y variopinto, árboles, hierbas, ropa
colgada a secar,
pinturas, tejas de zinc pintadas, vallas de
plástico que delimitan las zonas de trabajos en
las laderas de las montañas
reservando el acceso a los obreros que
ganan allí el pan.
Si viviera allí, debajo, creo que me gustaría
de tanto en tanto subir para ver cómo es el
techo de mi casa
y si la cobija extendida que allí se seca es
feliz, con su tigre a rayas que toma el sol
somos indiscretos, seguramente, en este
vistazo panóptico, pero tranquilícese, la
gran cantidad de cosas a la vista asegura el
anonimato.
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POR LA MAÑANA, LÍNEA L, DE SANTO DOMINGO A ARVÍ
La teja de zinc ondulada que ondula
platanales que ocultan los bananos
una columna sostiene una choza
los barrancos el abarrancamiento
frenado con costales blancos
llenos de tierra ¡ah! una vaca
cuando las casas escasean
el país se vuelve salvaje
las miradas se hunden en los nidos
que adivinamos abajo muy pequeños
un trabajador sube al cable
te entrego estas imágenes.
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POR LA TARDE, LÍNEA K DE SANTO DOMINGO A ACEVEDO, LÍNEA A A SAN ANTONIO
Es la gran aglomeración
Los campesinos vinieron y se quedaron, se
apiñaron unos sobre otros para hacer niños y
casas
esperando que las lluvias no fuesen muy
fuertes.
El vendedor de balaustradas está en vitrina,
el vendedor de nada se hizo un lugar de vida
con un posible hogar en exteriores y
lavandería, pero con agua mal lavada
ni siquiera lavada, para ser exactos. El agua
de los ojos
de todos los viajeros tiene la gota invisible
incrustada en el redondel de la cornea y en
el horizonte de la tierra redonda.
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POR LA NOCHE, LÍNEA A DE NIQUÍA A ITAGÜÍ
Por la noche, delante del gentío, en la
plataforma, la inmensa escoba avanza
en el metro, un bailarín hubiera danzado.
Sentado entre Rubén Darío y Armando, un
hombre desconcertado se siente como un lector
entre dos libros
tentado a leer el poema bajo el brazo, y
luego el otro, cada uno en su momento.
Estoy sentado frente al paisaje y frente a las
luces inmóviles que suben por el tobogán de la
montaña negra
el alumbrado ni siquiera es festivo, es
cotidiano
los farolillos rojos son fuego rojo, no es el
santo sacramento, verdes los verdes
pero los viajeros que van de pie comienzan
a taparme el paisaje
senos, morrales, codos, aretes
los ojos del lector desconcertado van del
papel de Armando a su rostro, pero él se baja en
San Antonio
y lo remplaza un hombre que no se interesa
para nada en la poesía en acto de sus vecinos,
¿qué hizo entonces la diferencia?
¿Fue menos fuerte la intensidad de
inspiración de los dos poetas después de pasar
San Antonio?
No, una joven alta me tranquiliza, de seguro
atraída por la punta del bolígrafo de Rubén
Darío Lotero Contreras.
Imaginemos que mis padres me hayan
llamado Arthur Rimbaud, me llamaría Arthur
Rimbaud
Jouet, y luciría bien
en las reuniones de Oulipo, pero quizás en
Oulipo no me hubieran tomado en serio
entonces, ¿quién sabe? quizás no hubiera
sido poeta
entonces, ¿quién sabe? quizás me hubiera
vuelto conductor de metro.
Traducción Martha Lucía Pulido