El profe no vuelve

A Hernán Villafañe,
in memoriam.

Siempre hay una pausa
mientras los muertos se desvanecen
del recuerdo.
Nadie se atrevía a borrar
la última anotación del tablero;

atacar la tiza
sería cómo empujar al profe
dentro del vacío.
Con seguridad le dieron
el encargo a alguien de Lejanías.

Un vecindario provisional
prospera en las funerarias,
el muerto equis colinda con el ye
y entreveran círculos
que se intersectan en el vacío.

Maestro Villafañe,
te recordaremos x 100pre.
Una nota en el escritorio
en medio de reliquias:
material didáctico para las penas.

Tu mordacidad te haría
morir de la risa al vernos reunidos
con tanta ceremonia.
Así en la tristeza se desborda
una sonrisita cómplice.

Abrazos de dolor
en medio del silencio reverente.
Todos frente al temor íntimo
sentimos el cansancio,
sobre todo en las piernas.

Se conversa de muchos temas,
tópicos comunes intrascendentes;
cuando en realidad
escondemos la pregunta del fondo:
¿Para qué se vive? ¿Por qué se vive?

El ataúd está en el centro.
Todos miramos sobresaltados
el inmenso sifón;
tarde o temprano
acabaremos atrapados por la vorágine.

La novela que Hernán no escribió
terminó en la obra negra
de esta iglesia sin ventanas,
cuadros de tierra árida
en el cementerio de suelos arcillosos.